Durante esta semana me he dedicado a escuchar muchos videos de mensajes que entreguen hermanos de otras congregaciones y denominaciones y lo curioso es que los mensajes están dirigidos a ellos mismos, uno que otro me ha llamado la atención porque escapa un poco de esta idea.
Veo que se nos está olvidado la esencia del mensaje de Jesús que es la sanidad de los que están enfermos, para aquellos que necesitan resolver sus problemas Jesús siempre tuvo esa forma y esa manera de acoger a las personas que estando en un error de vida siempre les proveyó una solución, solución que habla de "vete y no cometas el mismo error", "vete y haz que tu vida cambié y tenga un rumbo diferente".
No era simplemente vete y no peques más, dicho de otra forma vete y deja de ser desobediente. Jesús proveyó un cambio de vida de ser mejores individuos en sus acciones. ejemplo de ello fue Mateo (Levi cobrador de impuestos) o saqueo (también cobrador de impuestos de evidencio un cambio en el compromiso de devolver muchos más de lo cobrado en exceso a las personas) por dar algunos nombres.
Lo interesante que los cambios observados en estos hombres tenían estrecha relación con las demás personas, ¿que estará diciendo a Jesús entonces? que la transformación del hombre en primera instancia es interna y tiene su expresión en el prójimo, ejemplo es cuando Jesús increpó a los fariseos esto fue porque sus acciones afectaban a otros (es cierto su hipocresía era evidente a los ojos de Jesús) ya que su máxima de vida espiritual resulta imposible para muchos (no es de locos pensar que Jesús esperase un cambio en los fariseo) o acaso cuando Jesús se molestó en el templo no fue porque la finalidad de este es para acoger y ser un lugar de culto y de oración del creyente judío.
Jesús fue y será siempre cercano a quienes reconocen en sus vidas la idea de la imperfección, de quienes no en un acto de rebeldía sino de debilidad natural todos los días se equivocan.
Por eso si hoy decimos ser pequeños cristos ¿Qué estamos haciendo con nuestro buen juicio?
Escrito por Braulio Parra Castillo

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