Al leer las historias de Jesús nos vemos enfrentados a mirar las cosas desde fuera o desde lo espectacularmente milagroso, misericordioso y paciente que él es, no hay dudas sobre eso, sin embargo, desde la mirada de quienes interactuaron con su persona pudiera ser que no es tan así.
Es el caso de la mujer sirofenicia con su "hijita" enferma (endemoniada), más abajo les dejo el texto, por favor por un momento les invito a ponerse en el lugar de esta gran mujer, su hija enferma (endemoniada) desesperada por que alguien le pudiera ayudar, ella oye de este hombre llamado Jesús que sana enfermos y restaura vidas, ella reconoce sus limitaciones culturales frente a las de él, Marcos describe su actitud de necesidad y posición, en una acción de humillación "se postro a sus pies". Se que la necesidad nos mueve a realizar grandes e impensadas acciones, es nuestra urgencia y esta no conoce de límites.
Hasta ahí todo va como desde nuestra posición de lector se ve normal y propio de esa situación, sin embargo, lo que alguien en esa expectación y angustia no espera de alguien tan pero tan bueno, es chocar con muro capaz de liquidar sus esperanzas, en palabras sencillas "eso no está para ti". Eso si fue chocar con un muro ¿qué le diría usted? ¿acaso no se daría media vuelta y devolvería por el camino que llego?, personalmente no lo sé, solo sé que esta mujer no recibió la respuesta esperada, solo sé que es una gran mujer que lucha por lo que ama y no se dejara vencer por este Jesús aparentemente apático a su realidad (sé que muchos dirán que Jesús conoce el corazón del hombre, pero eso no lo sabía esta mujer).
Basta leer la respuesta de esta mujer, de esperar a que se acuerden de ella, que una mirada se dirija a su realidad pues ella sabe que solo eso bastará para tener aquello que tanto, pero tanto desea su corazón.
Amigo lector, no soy de esos que quiere obligar a la gente a creer sino más bien le insto a experimentar, sentir y empatizar con la experiencia de esta mujer y vea que usted también es alguien que con fe puede tener aquello que bien sabe es justo recibir.
"Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse. Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies. La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama". (Marcos 7:24-30)
Escrito por Braulio Eduardo Parra Castillo

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