La historia inicia con intensiones y objetivos, la historia busca establecer no solo un juicio sino una acción concreta sobre quien fue encontrada en desobediencia a la ley de Moisés. Es la historia de una mujer que fue encontrada en adulterio y para quien la condena era el apedreamiento.
Estamos escribiendo un nuevo evangelio, ese donde las acciones de Jesús el Cristo, el hijo de Dios, son humanas y expuestas. Nuestro tiempo nos exige mas que nunca, a los que creemos que Jesús es el hijo de Dios, vivir bajo sus valores y principios.
Todo los que creemos vivimos en constante exposición, por eso es necesario ver esta historia desde las acciones de Jesús, acciones llenas de contemplación y entendimiento. A los Fariseos que buscaron una respuesta favorable a la petición de justicia la respuesta dada por este hombre judío a quien le llaman maestro, fue "el que este libre de pecado lance la primera piedra", su respuesta es un grito a vivir justamente a medir a las personas con la misma regla que medimos la nuestra, es un grito a vivir sin juzgar.
Luego que ninguno lanzo ni juzgó y mas aun se fuesen en silencio, Jesús se levanta nuevamente y confronta la realidad de la mujer "no peques mas", Jesús no ignora lo malo que muchas veces hacemos sino mas bien espera que podamos darnos cuenta que debemos hacer algo mas con el sentido de nuestras acciones y nuestra vida.
Necesitamos ser personas de bien en todos los ámbitos de nuestra existencia familiar, laborar y de amistad y huir de todo aquello que intoxica nuestras vidas apartándonos hacia el fin que es Vivir en "plenitud"
Base Bíblica Juan 8:1-11
1 Jesús regresó al monte de los Olivos, 2 pero muy
temprano a la mañana siguiente, estaba de vuelta en el templo. Pronto se juntó
una multitud, y él se sentó a enseñarles. 3 Mientras hablaba, los maestros de
la ley religiosa y los fariseos le llevaron a una mujer que había sido
sorprendida en el acto de adulterio; la pusieron en medio de la multitud.
4 «Maestro —le dijeron a Jesús—, esta mujer fue
sorprendida en el acto de adulterio. 5 La ley de Moisés manda apedrearla; ¿tú
qué dices?».
6 Intentaban tenderle una trampa para que dijera algo que
pudieran usar en su contra, pero Jesús se inclinó y escribió con el dedo en el
polvo. 7 Como ellos seguían exigiéndole una respuesta, él se incorporó
nuevamente y les dijo: «¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la
primera piedra!». 8 Luego volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el polvo.
9 Al oír eso, los acusadores se fueron retirando uno tras
otro, comenzando por los de más edad, hasta que quedaron solo Jesús y la mujer
en medio de la multitud. 10 Entonces Jesús se incorporó de nuevo y le dijo a la
mujer:
—¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te
condenó?
11 —Ni uno, Señor —dijo ella.
—Yo tampoco —le dijo Jesús—. Vete y no peques más.

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